Una vez frio y cuando vemos que podemos trabajar a gusto, arrancamos las patas del Buey de mar, una a una, para que podamos machacarlas y dejarlas preparadas en una fuente para incorporar el resto del Buey más adelante. Es importante que los comensales puedan acceder con cierta facilidad a la carne del Buey, en algunos casos, un solo golpe no será suficiente.

Con un cuchillo, hacemos un corte vertical en el centro del estómago del Buey y con la ayuda de un mazo, damos pequeños "golpes" sobre el estómago, hasta que veamos que podemos separar con las manos el cuerpo del Buey de su cabeza.

Eliminamos las branquias, de la misma manera que hacemos con las Centollas, y dividimos el estómago del Buey en 4 trozos, que situamos junto a las patas en la fuente. El contenido del caparazón, para muchos lo más delicioso de los mares gallegos, se puede preparar al natural o añadir un vaso de vino blanco o sidra.

Colocamos la cabeza en la fuente, preparada para que los comensales puedan vaciar su interior mediante una cucharilla. Ya está todo listo para que la cena sea típicamente gallega.